- "[...] Since you've been such an inspiration for people around... Wow, man! You just ran into a big pile of dogshit!"
- "It happens."
- "What? Shit?"
- "Sometimes."
("Forrest Gump")
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lunes, 9 de mayo de 2011

Diez razones para el júbilo

A todos los que me leéis exclusivamente por los toquecillos de ironía o por mis recetas, hoy no estáis de suerte. Leed otra cosa, el periódico, abrid vuestra página de Facebook, abrid un libro, aprovechad para poneros al día con un capítulo de "Mad Men".

A los demás, guardaos el cinismo en el fondo del cajón del escritorio antes de leer esto, es una orden. A continuación, dadle al "Play" de este vídeo antes de continuar leyendo, es otra orden. Si no os gusta recibir órdenes, no sé qué diablos hacéis leyendo esto, leeros el Marca, o lo que sea. Si os parece que hoy me he puesto hortera y sentimental, me chupa un pie y los ganglios linfáticos que me quedan.


Diez razones para el júbilo inmediato hoy, lunes, un soleado 9 de mayo en Montreal:

1. Al fin es primavera en Quebec, maldita sea. Es oficial, el lilo del parterre está brotando hojas (y atisbos de flores) como loco. En general, todos los arces de mi calle andan expeliendo verde como locos.

2. Doña Marmota ha vuelto. No sé cómo lo ha hecho, pero ha conseguido excavarse otra madriguera a pesar de que los obreros que cambiaron la escalera de casa rellenaron la anterior con cemento. Teniendo en cuenta de que eso quiere decir que la mitad del parterre va a estar hueca dentro de poco, llena de galerías subterráneas, se supone que en mi calidad de copropietaria de la barraca montrealesa debería preocuparme. Pero cuando he visto la boca del túnel abierta casi en el mismo sitio de siempre, como cada primavera, he sonreído. Y ni siquiera sigo consumiendo morfina.

3. Hace un sol glorioso que permite tomar un té y leer el capítulo de novela correspondiente sentada en el balancín del patio junto a Alfonso.

4. Mis galletas de avena y cranberries (receta dentro de poco en sus pantallas, en el Sirope). Acompañan estupendamente al sol, la novela, el balancín, el té y a Alfonso.

5. Bach. Acompaña maravillosamente casi todo en esta vida, incluyendo este post y lo ya mencionado.

6. Los brotecillos de mis semilleros. Pese a que Julieta se sienta abundantemente encima, estas plantitas parecen llenas de determinación para mantenerse vivas. Me recuerdan a alguien. Bueno, me recuerdan a bastante gente que conozco.

7. Monsieur M. y su habilidad para levantarse, duchar y desplazar su nórdico corpachón, desayunar y salir , todo ello sin hacer ningún ruido, y permitirme así seguir aplicando mi tratamiento preferido, según la señora Hernández: la marmoterapia.

8. Las novelas cutres y entretenidísimas de Charlaine Harris, excelentes en el balancín... ya sabéis.

9. El último retoño de la inmensa camada de niños de mi vecina, que a pesar de tener un patio trasero e incontables hermanos y hermanas con los que jugar, se pasa la vida en el porche delantero, mirando fascinado mis idas y venidas del súper, del hospital, con un par de inmensos ojos color chocolate y un dedo en la boca. Y que se niega furiosamente a saludarme cuando agito la mano. Su madre lo reprende cuando anda cerca, pero a mí esa pertinacia hace que el enano me caiga fenomenal.

10. Ya puedo levantar el brazo derecho a 180 grados, prácticamente sin dolor (apenas una tirantez molesta, y un resto de esa cuerda que da bastante grima). Me ha costado mis tirones, e innumerables repeticiones de ejercicios y rechinar de dientes, pero ha funcionado.


Mañana veo a Mentsch Surgeon y me cuenta lo que me espera (quimio sí, quimio no, etc., etc.). No sé si en mi caso es realmente una razón para el júbilo, pero en el suyo probablemente sí. Le llevo galletas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Drugstore Cowgirl

Paciente Impaciente sale del hospital de una de las numerosas citas médicas que iluminan sus días y entra a una farmacia de la cadena Jean Coutu. Las farmacias en Canadá siguen el modelo del drugstore americano: son supermercados enormes en los que se encuentra desde helado hasta anticogelante, pasando por las consabidas aspirinas y cosméticos y un surtido impresionante de chocolates y patatas fritas (substancias terapéuticas donde las haya). También tienen un mostrador y un farmacéutico al que hay que pedirle los medicamentos que requieren receta médica, pero la diferencia con las farmacias españolas es que uno no se ve obligado a pedirle en voz alta delante de un par de abuelas con mirada censuradora los condones a sabor de frutas, con espermicida y rugosidades picaronas. Paciente Impaciente recuerda a un buen amigo que en sus años mozos el pobre lo pasaba tan mal que a menudo entraba a por condones y salía con un cepillo de dientes extraduro. 

Paciente Impaciente se pasea lentamente por los pasillos de la farmacia y se compra:

1. Dos paquetes de tres bragas cada uno (talla pequeña, corte biquini, breve plegaria para que aún entre en ellas), 95% de algodón, 5% de elastán, de colores rosa fucsia, azul eléctrico y negro. Las bragas rosas para las citas con el oncólogo, piensa, por lo simbólico y por darles un toque optimista, las azules para la radioterapia (por lo eléctricas) y las negras, tan sobrias ellas, tan zen, para las clases de yoga. No se compra los sujetadores que van a juego porque en estos últimos tiempos ella sólo se muestra en público en topless. En un momento de delirio, Paciente Impaciente se sorprende imaginando bragas con mensajes impresos en la zona púbica. Si bien es cierto que en el trasero ella dispone de espacio publicitario abundante, en oncología mamaria los camisones del hospital se atan por delante, por lo que el espacio púbico (público) impondría brevedad y síntesis: "Soy una persona". "Tengo un CI de 156". "No vote conservador". O "Tonto el que lo lea", por poner algunos ejemplos. Paciente Impaciente imagina durante un momento mensajes comerciales, y le parece bastante turbador ("Beba Coca-Cola"). 

2. Un paquete de trufas Godiva (también de talla pequeña) y uno de pretzels Snyder's recubiertos de chocolate negro (talla grande, gran descubrimiento). Momento de duda culpable sobre la talla correcta de las bragas.

3. Un aparato de vibromasaje "Vibragel" inalámbrico y recargable, de forma un tanto ambigüa. Según lo que dice la caja, es perfecto para relajar los músculos cervicales y los trapecios tensos. A Paciente Impaciente le parece poco ergonómico para aliviar cualquier otro tipo de tensiones, pero cada uno se entretiene como quiere.

4. El último número de la revista "Better Homes & Gardens", especial huertos orgánicos, en el que se explica con detalle cómo eliminar parásitos de las tomateras sin utilizar pesticidas químicos.

5. Un tubo de crema Voltarén de 150 gramos.

En la caja Paciente Impaciente observa al joven e imberbe cajero de la farmacia mientras éste mete su compra en una bolsa, y le da por pensar en la imagen que proyectan sus adquisiciones: el señor que espera detrás de ella en la cola las mira con cierto interés, probablemente pensando que ella claramente no tiene ninguna vida sexual, como lo prueban la ropa interior anodina que usa y el hecho de que practique la jardinería como pasatiempo antes de los setenta años, que compensa la falta de sexo con una ingestión desmedida de chocolate y que padece de una tendinitis debida a una práctica excesiva de la autosatisfacción, que en lo sucesivo ejercerá con aparatos eléctricos. Paciente Impaciente siente un  poco de calor en la cara y considera volverse hacia el señor de la cola y explicarle que ella vive felizmente en pareja, que tiene un cáncer de mama cuya convalecencia le ha dejado una cuerda de guitarra en el brazo y los músculos de los hombros y los omoplatos hechos un nudo marinero, y que siente un amor desatado por el chocolate y las verduras cultivadas en casa. Lo piensa mejor, se calla, paga y sale de la farmacia comiendo una trufa.